Autocontrol en la tarea de educar

¿Quién no ha perdido alguna vez en su vida los estribos? ¿Ha sacado su genio al exterior? Y como consecuencia ha herido a otras personas, a otros miembros de su familia.

No somos perfectos

Nuestro punto de partida es que no somos perfectos. Tenemos grandes intenciones, sobre todo como padres y educadores. Pero nos damos cuenta que nos equivocamos. Nuestros padres se equivocaron muchas veces y nosotros también lo hacemos. No pasa nada, salimos adelante y los hijos saldrán adelante.

Otro punto de partida es que nadie da lo que no tiene. Las personas necesitamos sentirnos queridas. No podemos dar amor y cariño a los demás, si no nos queremos a nosotros mismos.

Por lo tanto, tengo que conectar con mi persona, amarme a mi misma. Voy a poner un ejemplo muy gráfico. Cuando uno viaja con niños en avión y explican las situaciones de emergencia. Cae la mascarilla de oxígeno. Al adulto que acompaña al niño, se le indica que primero se ponga la mascarilla él y después al niño. Porque se corre el peligro de no poder ayudar, si primero se ocupa del niño.

No daremos amor a nuestros hijos si no nos amamos primero nosotras.

Muchas veces nos creemos que los niños nos van a entender a la primera. Si no se enteran, la tensión nos hace dar un grito y pensamos que ese grito, será eficaz. ERROR. Con gritos, una se pone nerviosa, se irrita y no razona. Por lo tanto tampoco educa.

Debemos pensar con frecuencia ¿Qué me dispara?. ¿Qué me hace perder el control?

La única forma de tratar a las personas, es el trato respetuoso. En la medida que yo tengo autocontrol, tendré ese trato.

Esto exige trabajo personal. Cuando me enfado transmito ese sentimiento al niño. Se enfadará también o se deprimirá, no entenderá nuestras razones y posiblemente le causemos inseguridad.

Tengo que preguntarme ¿Por qué me irrito?. Si estoy enfadada, no soy capaz de dar argumentos convincentes. No puedo pensar. ¿Qué hacer entonces?

Algunos consejos para el autoconocimiento:

1,- Quedarnos a solas y buscar la causa. Podemos pensar no tengo tiempo. En el baño, cuando te duchas, estás a solas y puedes pensar. Analizar: Si adquirimos esa rutina cada día, iremos mejorando en ese trato amable. En el análisis, no se trata de buscar culpables, sino de rectificar, volver a empezar, relajarnos.

Pretendemos que el niño nos entienda a la primera y nos debemos meter en la cabeza del niño. Recuerdo que a Marta, de 6 años, su madre le preguntó si había hecho algo. La respuesta correcta a la pregunta era no, y eso respondió Marta con absoluta verdad. Pero su madre añadió ¿me lo juras? La pequeña no sabía lo que era jurar y le dijo no. Consecuencia la madre de Marta pensó que le había mentido.

2.- Para dominar la ira, nos podemos hacer otra pregunta ¿Cómo fue mi infancia?. Vuelvo a repetir sin buscar culpables. Nuestros padres aunque se equivocaran, querían, igual que nosotras, lo mejor para cada uno de sus hijos. Pero en nuestra conducta puede haber un pequeño trauma infantil.

Conocernos para aceptarnos

Es importante conocernos para aceptarnos. Aceptarnos para amarnos. Amarnos y valorarnos, porque en la tarea educativa lo importante soy yo. Si no me amo no seré capaz de transmitir amor. Tengo que conectar conmigo, hacer las paces conmigo. Darme cuenta, como en el avión, que yo soy la importante.

Sí, pero con las tensiones diarias… ¡Se me va la pinza!

Si el niño hace las cosas por miedo. Ten en cuenta que el miedo y el amor no son compatibles. Pero… ¡necesito muchísima paciencia! Cierto, pero detente, respira y serénate. Primero controla la emoción y después habla, pide, aconseja.

Un truco para serenarse, respirar al cruzar una puerta. Cruzamos muchas puertas a lo largo del día. Respira profundamente, ayuda, es lo que se llama respiración consciente.

Ayuda seguir un horario, el ejercicio físico, tener una lista de proyectos, etc. etc.

Si quiero que el niño obedezca, debo saber como piensa.

Si el niño tiene enfados, con cariño preguntarle que necesita para estar tranquilo. Se le puede decir, por ejemplo: mamá para no enfadarse, necesita estar a solas un ratito, tu ¿Qué necesitas?. Te sorprenderás con sus respuestas y sobre todo le podrás dar ayuda.

En resumen, buscar la causa de mi genio. Conocerme, aceptarme amarme y valorarme. Así podré dar el trato respetuoso y amable para cada persona. Buscar los medios para el autocontrol. Pensar a solas, tener rutinas personales, ejercicio físico. Todo aquello que facilite el conectar con uno mismo. Seremos felices y haremos felices a los que nos rodean.