Acompañamiento a los jóvenes

Quien no ha dicho en su vida ¿Me acompañas? O ¡Te acompaño!, Todos tenemos la necesidad de ser acompañados en los distintos momentos de nuestra vida.

Si indagamos en el significado de la palabra, según la RAE: “Estar o ir en compañía de otra u otras personas” y “Participar en los sentimientos de alguien” este último sentido es el que vamos a tratar hoy, en ese acompañar que es estar, escuchar, empatizar, respetar, caminar juntos, guiar, amar… Y no lo contrario que nos llevaría a juzgar, imponer y sobre todo a la soledad.

Acompañar tiene que ver con la amistad, con el amor, con ese deseo que todos tenemos de que alguien se meta en nuestros zapatos y nos comprenda de modo profundo, ese deseo de ser entendidos.

Está unido a la necesidad de relación que tiene el ser humano, y me atrevo a opinar que no es una técnica, es una forma de ser. Es salir al encuentro.

Todo esto no es un conjunto de frases bonitas pensadas en un momento relajado de mi existencia y que termina en el propósito inconfundible de LO VOY A HACER.

Acompañar al adolescente

Después de esto llega la realidad de mi hijo adolescente. Con una habitación en la que es difícil entrar. Las deportivas con calcetines dentro, camisetas por todas partes. Libros, papeles fuera de sitio y cama sin hacer. O, cuando descubres la foto de tu hija en una postura sugerente. ¿Soy sexy?. En ese momento el acompañamiento se hace casi imposible. Pero tu joven adolescente te necesita a su lado. Está inseguro, no sabe muy bien lo que le pasa. Igual está enfadado que loco de alegría y tú le puedes dar la seguridad que le falta. Comprender sus sentimientos y guiarle en la forja de su personalidad.

Acompañar es un desafío que nos reta a cada uno personalmente. Es amar para que el joven se sienta amado. Estar a su lado en el descubrimiento de su identidad, independencia,  ser algo para alguien.

Escuché en un congreso, una ponencia de Sonia González Iglesias. Explica que el peso de la formación, de la educación es compartido. El joven tendrá que descubrir por sí mismo a que se siente llamado. Y el formador deberá sostener, iluminar, despertar y provocar en ese camino.

Esta es la tarea de acompañar, siempre desde la libertad. Las palabras vuelvo a repetir, son sostener, iluminar, despertar, nunca imponer, nunca forzar, nunca obligar, educar en libertad. Pero ¿Como? ¿Estoy preparado/a para acompañar al joven?

Cuatro ideas:

1,- Mirada: Hemos oído muchas veces la tan manida frase “hay miradas que matan”. Y también “ojos que no ven, corazón que no siente”. Si a esta frase le quitamos el no. Queda: ojos que ven. corazón que siente. Tenemos la experiencia de miradas que acompañan, miradas que transmiten amor, miradas que consuelan. Con esa mirada, no sólo llego al corazón de mi adolescente. Estoy abriendo también mi corazón a su libertad.

Es un poco triste y es personal pero recuerdo la última mirada de mis padres. Mi madre en el hospital ya con dificultades respiratorias. Mi padre, también enfermo, tenía que ir a su sesión de diálisis. Aquella mirada fue el resumen de 38 años de vida común. Fue la expresión del amor hasta la eternidad.

Regalar miradas para acoger, para conectar, para entender. Una mirada que sea capaz de llegar al corazón. Pero ¡cuantas veces fulminamos con la mirada!. Distinguir entre el ver y el mirar, mirar para que el joven se sienta querido, seguro, apoyado.

La mirada conecta con la segunda idea LA ESCUCHA. Descifrar lo que me quiere decir, con sus gestos, con su genio, con sus portazos, con sus gruñidos. Escuchar hasta el final. No interrumpir con una opinión o un consejo. Tener el silencio para que el otro pueda hablar,

«Con la palabra, el hombre supera a los animales, pero con el silencio se supera a sí mismo». Dijo Paul Masson, periodista y filósofo francés. Aprendamos a escuchar con el silencio.

Y desde la escucha el perdón. Tercera idea. Hemos descubierto sus heridas con la mirada y la escucha y ahora entra el perdón. Pero no sólo perdonar yo. Reconocer cuando me equivoco y solicitar ese perdón. Es un gran modo de acoger, el que nos vean vulnerables.

Con el perdón llego a ver lo que eres y en la libertad te dejo ser.

Confianza

Y llega la esperanza, basada en la confianza. Con esta confianza estamos diciendo que es posible. Que puede llegar, que conseguirá superar su angustia, su incertidumbre, conseguirá sus anhelos. La esperanza unida al perdón, está diciendo confío en ti. Aunque te hayas equivocado, porque sé que vas a rectificar. Con esta esperanza el joven encontrará siempre el lugar al que volver. Se sentirá acompañado y amado.

Es un gran reto el de acompañar, difícil, pero no imposible. Termino este reto con una pregunta, la misma que hizo Sonia al final de su ponencia, una pregunta para reflexionar. ¿Cómo soy yo acompañando?